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Orquídeas de excepción, blancas o rosas.
Una orquídea florece dos o tres meses, descansa, y vuelve a florecer. Es la planta que acompaña más tiempo, y pide poco.
Un baño de diez minutos cada siete a diez días, y luego un escurrido completo. Las raíces necesitan respirar entre dos riegos: es ese ritmo, más que la cantidad de agua, lo que da longevidad a la planta.
Le conviene una luz viva pero indirecta — cerca de una ventana, sin sol directo sobre las hojas. Al abrigo de corrientes, conserva sus botones hasta la apertura.
Corte la vara por encima del segundo ojo visible. La planta descansa unas semanas y vuelve a partir. Con este ritmo de riego y esta luz, una orquídea florece temporada tras temporada.